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Una persona, abrigada, caminando en la nieve

Supervivencia ante frío extremo y tormentas de nieve: ¿Cómo evitar las congelaciones?

El frío extremo puede convertir una salida a la montaña o una tormenta de nieve en una situación peligrosa.

Saber qué zonas del cuerpo son más vulnerables, identificar las primeras señales de congelación y actuar correctamente puede marcar la diferencia entre una lesión leve y un daño grave en los tejidos.

Tabla de contenidos
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    Radios de emergencia: ¿Por qué son la herramienta nº 1 cuando caen las comunicaciones? Leyendo Supervivencia ante frío extremo y tormentas de nieve: ¿Cómo evitar las congelaciones? 6 minutos

    ¿Qué aumenta el riesgo de congelación?

    Las temperaturas muy bajas y las tormentas de nieve pueden provocar lesiones por congelación cuando determinadas partes del cuerpo permanecen expuestas al frío durante un periodo prolongado. Los dedos de las manos y los pies, las orejas, la nariz y otras zonas son especialmente sensibles.
    El viento, la humedad, la ropa mojada, el contacto con nieve o hielo y la permanencia prolongada en el exterior pueden aumentar el riesgo.
    Reconocer los primeros cambios en la piel y en la sensibilidad permite actuar antes de que la lesión avance en gravedad.
    Una protección adecuada y una respuesta rápida ante los primeros signos ayudan a reducir el daño causado por el frío.

    ¿Cómo protegerse del frío extremo y prevenir las congelaciones?

    Manos con una taza bajo la nieve

    La protección comienza con ropa adecuada para las condiciones meteorológicas. Las manos, los pies, la cabeza, las orejas y la cara requieren especial protección durante episodios de frío intenso o tormentas de nieve.

    La ropa exterior debe proteger frente al viento, la nieve y la humedad. Las prendas mojadas deben sustituirse por ropa seca lo antes posible. Los guantes, calcetines y calzado deben mantenerse secos. Si el calzado no protege adecuadamente de la humedad, una bolsa de plástico puede utilizarse de forma provisional como barrera contra el agua, siempre que no comprima el pie y se vigile la acumulación de sudor. Esta medida no sustituye al aislamiento térmico del calzado ni a la necesidad de buscar un lugar seco y protegido.

    Durante una tormenta de nieve conviene limitar el tiempo en el exterior y realizar pausas en lugares protegidos cuando sea necesario. También es importante comprobar periódicamente el estado de las zonas expuestas, especialmente los dedos, las orejas, la nariz y otras partes que pueden perder sensibilidad.

    ¿Cómo reconocer los síntomas de una congelación?

    Los primeros signos permiten identificar una posible congelación en sus fases iniciales. El entumecimiento, el hormigueo, el dolor, la pérdida de sensibilidad y los cambios de color de la piel requieren atención.

    Al principio, la piel puede adquirir un aspecto pálido o blanquecino, sentirse fría y presentar una sensibilidad reducida. Si la exposición continúa, la zona puede endurecerse y perder progresivamente la sensibilidad, aunque la ausencia de dolor no significa que la lesión sea leve.
    La pérdida de sensibilidad merece especial atención porque la persona puede dejar de percibir el daño causado por el frío. El entumecimiento persistente y los cambios intensos de color son señales de alarma que requieren atención médica.

    En las lesiones más avanzadas pueden aparecer hinchazón y ampollas. La piel puede adquirir tonos azulados o violáceos y, en los casos más graves, presentar zonas grisáceas o negruzcas, que pueden indicar un daño profundo de los tejidos. Las congelaciones profundas requieren valoración médica urgente.

    ¿Qué hacer ante una persona que tiene una congelación?

    Una mano con sus falanges a baja temperatura, ilustración

    La primera medida consiste en alejar a la persona del frío, la nieve, el hielo y el viento y trasladarla a un lugar protegido y cálido. Retira con cuidado las prendas, los guantes, los calcetines o el calzado húmedos que mantengan el frío. Si alguna prenda está adherida a la piel congelada, no tires de ella.
    Si la congelación es importante, afecta a una zona extensa, aparecen ampollas o existe una pérdida marcada de sensibilidad, contacta urgentemente con los servicios de emergencia o busca atención médica.

    Cuando sea posible realizarlo con seguridad, la zona congelada puede recalentarse sumergiéndola en agua templada, a una temperatura de entre 37 y 39 °C, siempre que no exista riesgo de que vuelva a congelarse. Esta precaución es importante porque la recongelación puede agravar el daño en los tejidos. El agua nunca debe estar caliente, ya que la pérdida de sensibilidad puede impedir que la persona perciba una temperatura excesiva y provocar quemaduras.

    No frotes, masajees ni golpees la zona congelada, ya que estas acciones pueden dañar aún más los tejidos afectados. Tampoco acerques directamente la piel a llamas, radiadores, estufas u otras fuentes de calor intenso, porque la pérdida de sensibilidad puede impedir que la persona perciba el exceso de calor y provocar quemaduras.

    Si aparecen ampollas, no las pinches ni las rompas, ya que podrías dañar más la piel y favorecer una infección. Tras el recalentamiento con agua templada, seca la zona con cuidado, sin frotar, y cúbrela con una gasa estéril o un apósito limpio que no se adhiera a la piel, sin apretarlo. Si hay una herida abierta, protégela con un apósito estéril y seco, sin presionar ni aplicar cremas o pomadas. Las ampollas, las heridas abiertas y otros signos de lesión importante requieren valoración médica urgente.

    Una congelación grave, una pérdida completa de sensibilidad, la aparición de ampollas extensas, una coloración oscura de la piel o una lesión que afecta a una zona amplia requieren atención médica urgente. Si no es posible trasladar a la persona, contacta con los servicios de emergencia y sigue sus indicaciones. Mientras tanto, mantenla abrigada en un lugar protegido, retira las prendas húmedas y cúbrela con mantas o ropa seca. Protege la zona afectada con un apósito limpio, seco y sin apretar, y evita moverla o apoyarla innecesariamente; si la congelación afecta a los pies, no permitas que camine si puedes evitarlo.

    Reconocer los signos de una congelación y actuar cuanto antes puede ayudar a evitar que la lesión se agrave. Ante cualquier sospecha, protege la zona afectada y busca atención médica lo antes posible, sin esperar a que aparezcan signos de gravedad. La rapidez en la atención puede contribuir a salvar el tejido afectado e incluso la vida de la persona.

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